TAROT

El Tarot en la película Caballero de Copas

Caballero de Copas es una reciente película del año dos mil quince protagonizada por Cristian Bale, Pruebe Blanchet y Natalie Portman y está dirigida por Terrence Malick. El largo se desarrolla como un merodear estupefacto entre la vigilia, el sueño, la fantasía y los flashbacks intermitentes al pasado, presente y futuro, representado por medio de un desfile de imágenes inconexas y la rotura con los cánones narrativos frecuentes, algo que nos sumerge en el lenguaje propio y también inconsciente con el que nos habla el tarot. Si bien este lenguaje onírico lo ha usado en prácticamente toda su filmografía, es desde la muy premiada “El árbol de la vida” con la que Terrence Malick lo conforma como la característica primordial de su narrativa cinematográfica. Este espasmódico y respetado autor de Norteamérica de origen sirio libanés y que, para contribuir con su aura de “genio” no entrega entrevistas y sostiene sus guiones en el más absoluto secreto. Muchos críticos han acusado a esta cinta de esotérica y esto es cierto si tenemos en consideración que el filme está estructurado conforme los arcanos mayores del tarot, siendo cada uno de ellos de sus capítulos protagonizados por actores y actrices que van interpretando cada uno de ellos de los arquetipos, como por ejemplo: La Luna (Imogen Poots), El Ermitaño (Antonio Banderas), El Juicio (Pruebe Blanchet), la Suma sacerdotisa (Teresa Palmer), La Muerte (Natalie Portman), etcétera

La carta Caballero de Copas retratada en el protagonista

Cristian Bale es un personaje que no sabemos si es actor, argumentista o bien productor mas que pertenece a la fauna de Hollywood y está en la cima de un planeta frívolo y enajenado de consumo y vacío. Muchos acusan a Malick de ser exageradamente maniqueista, contrastando su habitual alegato de “ricos , frívolos y desolados” contra personajes que procuran la “trascendencia del espíritu, con lo que tenemos a un Cristian Bale (Rick), o bien un Caballero de Copas que transita con cara de muy angustiado entre bellos cuerpos desnudos calzados en zapatos de Jimmy Choo en fiestas glamurosas en enormes mansiones californianas, absolutamente confuso frente a un vacío existencial que no se corresponde con su éxito social. Del mismo modo que Rick, el Caballero de Copas en el tarot, su principal elemento es el agua (las emociones), el cuál tiene una evidente presencia durante todo el largo, y de qué forma recipiente que lo contiene, este caballero representa a una persona de género masculino que tiene un carácter soñador y sensible, que escoge vivir de forma trágica sus experiencias vitales, que expone, por el hecho de que reta al hastío que acostumbra a empapar su vida mas, al unísono, es miedoso asimismo del éxito del cuál no sabe gozar de forma estable. Destila atrayente por su carácter romántico y por el hecho de que encarna el espíritu del artista torturado. Mediante imágenes espectaculares, personajes con poquísimos diálogos y una voz en off que se sofocación ante la carencia de trascendencia, muchos han acusado a Malick de ser un poco presuntuoso y un poco vacío. Tal y como si tras el despliegue de imágenes prácticamente promocionales y oraciones altilocuentes no hubiera más que exceso de vanidad y cierto efectismo ideal. No obstante, paradojas de la vida, se puede adivinar que su pretensión era justamente la contraria con este alarde de poesía visual esotérica, que no es en lo más mínimo gratis. La verdad es que muchos lo hallan excelente y otros se sienten engañados frente a la cantidad de tópicos inconexos que nos hacen continuar el errante camino de este Caballero de Copas por medio de sus numerosas amantes. Tal vez de la misma manera que ocurre con el tarot, tenemos que lograr un esmero de profundización para saber leer a estos misterios que se nos muestran y que van definiendo también ese Camino del Héroe que recorre el protagonista en la busca de sí y de localizar una contestación o bien sentido a su existencia. Y como afirma en la película localizar esa “perla” del sueño para poder despertar del mismo. Malick utiliza un lenguaje hermético, escondo que debe ser revelado, y que en sus múltiples interpretaciones podemos hallar contestaciones de nuestro inconsciente, del mismo modo que lo hace el tarot. Qué duda cabe que los amantes del tarot van a saber estimar esta obra, puesto que es una ocasión única de zambullirse en la interpretación de los misterios que hace desfilar por ella este interesante directivo estadounidense. Con esta película Malick completa una trilogía que comenzó con El árbol de la vida y prosiguió con To the Wonder.

El Tarot en la película Caballero de Copas
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